sábado, 22 de septiembre de 2007

Regadío, progreso y medio ambiente

Regadío, progreso y medio ambiente

 

Mis amigos afirman que el regadío fija población y da vida a los pueblos rurales. Jesús Domingo en este magnífico artículo abunda sobre lo mismo y el cuidado al medio ambiente, lo que no pasaría si se abandonase el campo.

 

La prensa nacional se ha ocupado recientemente de los "cambios de ocupación del suelo", del "consumo de suelo" y, más concretamente, de la "superficie de suelo artificial", que en nuestra opinión puede ser abusiva en las masificaciones urbanísticas de las costas y de las grandes ciudades pero que no lo es en el suelo ocupado por los modernos invernaderos y la agricultura intensiva y especializada de los regadíos.

 

A pesar de los dos años de sequía que padecemos, con los embalses bajo mínimos aceptables, la anulación de los trasvases previstos en el Plan Hidrológico Nacional, la paralización de nuevas obras de almacenamiento de agua y la política restrictiva del Ministerio de Medio Ambiente, los agricultores se esfuerzan en la búsqueda de agua para convertir secanos en regadíos, lo que ocasiona cierto descontrol en el aprovechamiento de las aguas subterráneas. El regadío se debe imponer, en la medida de lo posible, en la agricultura española. Los olivares nuevos, por ejemplo, apenas se conciben ya como cultivo en secano aunque tengan que proyectarse sus dotaciones como riegos deficitarios, en búsqueda de ahorro de agua.

 

Carlos Tió acaba de afirmar (revista "Tierra y Vida", agosto 2006) que " el regadío y su tecnología es el principal factor de progreso de la agricultura, además de generar paisaje y equilibrio territorial". Es opinión generalizada actual que el regadío es un exportador neto de energía del sistema agrario, aumenta la biodiversidad y contribuye a la lucha contra la erosión, al estar más tiempo el suelo con cobertura vegetal.

 

El laboreo de los secanos está cada vez más condicionado y dificultado por las exigencias de las medidas agroambientales y de la "condicionalidad" para el cobro de algunas ayudas comunitarias. También se consideran los regadíos en su función de sumidero de anhídrido carbónico, frente al producido en las grandes ciudades y zonas industriales. Una sola hectárea de regadío, se dice, es capaz de fijar 43 toneladas de CO2, al parecer el doble de la conseguida por la misma superficie forestal, una hectárea de regadío sembrada de maíz absorbe 6 veces más CO2 que una hectárea de bosque mediterráneo. La tan cacareada biodiversidad de los agrosistemas se cumple en las zonas con preferencia de regadíos continuados.

 

Muchas zonas tradicionales de nuestros secanos están siendo abandonadas por falta de competitividad debido a los bajos rendimientos. La agricultura y la ganadería extensivas pueden mejorarse con técnicas adecuadas, sobre todo en mecanización, pero tampoco están libres del papeleo y la burocracia que hoy está impuesta en las explotaciones agropecuarias.

 

El regadío es un factor de riqueza y progreso (lo ha sido siempre), a pesar de las políticas agroambientales.

 

Jesús Martínez

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